Una de los aspectos decisivos para las próximas elecciones británicas es la posible celebración de un segundo referéndum de independencia en Escocia, una de las exigencias del Partido Nacional Escocés (SNP) para apoyar un Gobierno.

No obstante, durante su visita a Glasgow este miércoles, el líder laborista, Jeremy Corbyn, intentó esquivar la polémica: prometió que no habría votación “en esta legislatura” -es decir, hasta 2024-, pero su equipo dejó la puerta abierta en caso de que el SNP volviera a ganar las elecciones regionales en 2021.

Apoyo si hay fecha

La primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, ya anticipó que solo apoyaría a Corbyn a cambio de una fecha para otro referéndum de autodeterminación. Y el líder de la oposición intentó rechazarlo con la mayor cautela posible: “No habrá otra votación en mi primer mandato”, dijo.

Los próximos cuatro años y medio los dedicaría a “centrarnos en invertir y mejorar la economía británica y también escocesa”, con la esperanza de que una mejora en el nivel de vida y la neutralización del Brexit apaguen las demandas de independencia.

Sin embargo, un portavoz laborista añadió después que no descartan completamente aceptar otro referéndum, siempre y cuando el SNP siga en el Gobierno escocés en 2021. Según afirmaron, si Corbyn no cree que vaya a tener que sacar las urnas en los próximos cuatro años es porque espera cortar la racha victoriosa del partido de Sturgeon, que lleva encadenando triunfos desde 2007.

En respuesta, el primer ministro, Boris Johnson, acusó a los laboristas de “querer arruinar 2020 con dos referéndums” (Brexit y Escocia). Además, se cebó en su ambigüedad: “La posición laborista, en ambos, es un misterio”. Y terminó afirmando que “la alianza Corbyn-Sturgeon nos condenaría a meses de retrasos y discordia”.

Perdiendo diputados en Escocia

Al igual que en Inglaterra con su indecisión sobre el Brexit -no lo rechaza en principio, aunque ha hecho todo lo posible para detenerlo-, la indecisión de Corbyn sobre la secesión escocesa está pasándole factura al laborismo al norte del país. Si bien el partido está claramente en contra, la necesidad de contar con los votos del SNP en un hipotético pacto de Gobierno les impide cerrarse en redondo a un segundo referéndum también en este tema. Y su postura le ha hecho perder más de 40 diputados en esta nación desde 2010.

Paradójicamente, el sistema electoral británico ha hecho que cualquier mayoría laborista pase por tener al SNP de su lado, ya que el voto útil empuja a los votantes anti-Brexit a apoyar a los nacionalistas para detener a los ‘tories’. Una debilidad que David Cameron ya buscó explotar en Inglaterra en 2015 y que ahora puede volver a marcar los comicios.

Agencias