Todos queremos una medicina eficiente y segura; ansiamos la llegada de nuevos fármacos y tratamientos para infinidad de terribles enfermedades como el cáncer o el Alzhéimer, pero el proceso hasta conseguirlas es lento y debe incluir numerosos controles antes de que se pueda probar en humanos.

El método más fiable y directo que tenemos en la actualidad para comprobar la eficacia, y también los posibles efectos adversos, de un nuevo tratamiento es la experimentación animal.

Pero que sea la manera más eficaz que poseemos ahora no significa que a los científicos les guste. De hecho, en las últimas décadas las normas bioéticas, los comités de vigilancia y las inspecciones se han intensificado, también han aumentado los controles y las medidas encaminadas a mejorar el bienestar de los animales de laboratorio, y sobre todo muchos investigadores están trabajando para encontrar métodos alternativos que puedan sustituir, con garantías, los experimentos con seres vivos.

Esta semana ha aparecido un artículo en la prestigiosa Revista Nature, titulado “El software bate a los test en animales prediciendo tóxicos”, que abre la puerta a un futuro donde las simulaciones informáticas puedan sustituir a algunos experimentos de toxicidad en animales. Para muchos expertos el texto resulta demasiado optimista y se muestran cautos ante las aplicaciones de este tipo de software. Al fin y al cabo, la seguridad es la primera prioridad tanto de los investigadores como de las agencias e instituciones públicas que deberán supervisar muy de cerca todos los resultados.

Nature nos presenta un estudio, publicado en Toxicology Science, en el que investigadores de Johns Hopkins University, han desarrollado software de aprendizaje, entrenado en una gran cantidad de datos de seguridad química, que ha conseguido resultados tan buenos en la predicción de determinados elementos tóxicos que, según sus autores, compite y hasta supera los estudios con animales.

Los responsables de estos algoritmos afirman que pueden predecir con precisión la toxicidad de decenas de miles de sustancias químicas, en un rango mucho más amplio que otros modelos publicados, en nueve tipos de pruebas, desde daños por inhalación hasta daños a ecosistemas acuáticos.

Prever cómo se va a comportar un determinado órgano (ya sea el hígado, los riñones o el corazón) ante una determinada molécula es una tarea muy compleja y son necesarios muchos test de toxicidad tanto in vitro, como in vivo. Los nuevos modelos informáticos abren muchas puertas y ofrecen facilidades a los investigadores que pueden utilizar sus gigantescas bases de datos para llevar a cabo esas pruebas de seguridad.

Sin embargo, todavía queda mucho para que una máquina pueda ser la responsable de decir si una molécula candidata a fármaco es segura. Por nuestro propio bien y seguridad, los test in vivo seguirán siendo necesarios durante algunos años, pero también reconforta saber que la comunidad científica está redoblando esfuerzos, y empezando a cosechar los primeros resultados, para disminuir lo máximo posible el número de experimentos con animales.

Con información de www.es-us.noticias.yahoo.com