Este jueves 25 de enero, no fue festivo en Escocia, sin embargo, para algunos de sus habitantes es uno de los días más importantes del año, o el más poético. En toda la región se celebró la “Burns Night”, una velada dedicada a recordar los versos de Robert Burns, su autor más internacional.

Hay algo en sus poemas que le acerca a la gente de Escocia”, afirmó a Efe la escocesa Morag Maclean.

Esta gestora de proyectos, que ha asistido a numerosas cenas en honor al poeta, sostuvo que todo se basa en un auténtico ritual, heredado del momento en que se iniciaron, tras la muerte del poeta en el siglo XVIII, cuando solo participaban hombres.

Tras una sopa de pollo y puerro que se sirve como entrante, el sonido de las gaitas marca el momento cumbre: el recibimiento del haggis: Se trata del plato principal que consiste en asaduras de cordero u oveja fuertemente condimentadas y recubiertas de una bolsa hecha con el estómago del animal.

El orador del acto -normalmente vestido con kilts, la tradicional falda escocesa, como muchos de los asistentes- recita “Address to a Haggis”, el poema que Burns dedicó al plato más emblemático de la cocina escocesa. Al final de sus palabras, con un cuchillo abre solemnemente la bolsa que recubre la carne.

Pero ahí no empieza todavía la degustación, ya que debe haber alguien que lea el “Selkirk Grace”, la oración, también creada por Burns, para bendecir los alimentos.

Toda su obra está escrita en scots, la lengua que se habla en las tierras bajas de Escocia y en algunas partes de Irlanda.

Después de la comida, se brinda con whisky por la memoria del poeta y volver a los discursos con el brindis de las damas o “lassies”, como se conoce en Escocia a las mujeres jóvenes. Esta es una parte heredada del tiempo en que las mujeres no asistían al banquete y consiste en agradecerles su presencia en el mundo en tono humorístico y a través de los versos del poeta.

Desde que la presencia femenina está permitida, hay una representante que contesta también en tono sarcástico.

Después llegan los bailes tradicionales “ceilidh” y la entonación del mítico “Auld Lang Syne”, el himno más internacional de Burns que suena en la noche de fin de año en muchas ciudades del mundo y que los escoceses bailan con las manos entrelazadas formando un círculo.

“Es sagrado para los escoceses y, caiga el día que caiga, siempre reservan mesa para celebrarlo”, explicó a Efe la española Carolina Peiró, que trabajó durante dos años en la cocina de una taberna de la Royal Mile, la calle más emblemática de Edimburgo. Peiró recuerda todavía el asombro que le provocó su primera “Burns Night”.

“El primer año que lo viví me resultó chocante. Me gusta que no dejen morir esta tradición y que haya españoles que participen, porque eso quiere decir que tratan de integrarse”, señaló.

 

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