Este miércoles 14 de febrero, la líder del Partido Democrático Unionista (DUP) de Irlanda del Norte, Arlene Foster,dio a conocer que no ha sido posible llegar a un acuerdo con el nacionalista Sinn Féin para restaurar el gobierno autónomo, que permanece suspendido desde hace más de un año.

“En nuestra opinión, no hay perspectivas ahora de que estas conversaciones desemboquen en la formación de un Ejecutivo”, declaró Foster en un comunicado con el que pone fin a la última ronda de negociaciones que han mantenido ambos partidos durante las pasadas cuatro semanas.

Debido a este fracaso, la líder unionista pidió al Gobierno del Reino Unido que elabore “un presupuesto” para la región y “comience a tomar decisiones políticas” para asegurar el funcionamiento de “nuestras escuelas, hospitales e infraestructuras”.

“Las decisiones importantes para todos en Irlanda del Norte han estado en el limbo durante demasiado tiempo. Tenía muchas esperanzas de que pudiéramos restaurar el Ejecutivo (…) Eso no es posible ahora mismo”, subrayó Foster, quien culpó de la falta de acuerdo al Sinn Féin, antiguo brazo político del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA).

El Gobierno autónomo cayó en enero de 2017 y Londres se vio obligado a convocar elecciones anticipadas en marzo, en las que el DUP y el Sinn Féin se confirmaron como los principales representantes de sus respectivas comunidades, la protestante-unionista y la católica nacionalista.

Ambos han sido incapaces de acercar posiciones desde entonces, a pesar de la primera ministra británica, la conservadora Theresa May, y su colega irlandés, el democristiano Leo Varadkar, viajaron este lunes a Belfast para dar un último impulso a las negociaciones, animados por las señales positivas que apuntaban a que habría acuerdo esta semana.

Según explicó Foster, su partido mantiene diferencias “serias y profundas” con el Sinn Féin “respecto, sobre todo, a la cuestión de la lengua irlandesa”.

Los nacionalistas quieren que se redacte una ley específica para proteger el idioma gaélico, mientras los unionistas prefieren incluir este asunto en una legislación cultural más general, que contemple también aspectos relacionados con la identidad protestante.

El Gobierno de May deberá tomar ahora una decisión sobre el futuro de la región, donde podría conceder más tiempo a los partidos para negociar, convocar unas nuevas elecciones autonómicas o gobernar la provincia directamente desde Londres, una opción del gusto de los unionistas y rechazada por los nacionalistas.

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