Decenas de jubilados en Alicante, España, se ven en la necesidad de recurrir diariamente al comedor social de San Gabriel ante la imposibilidad de salir adelante con sus escasas pensiones.

Antonio Moya, responsable e impulsor del este comedor, único en la ciudad, se echa a reír cuando se le pregunta si nota que estamos saliendo de la crisis. “Serán los ricos, porque aquí no”, indica, mientras señala al centenar de personas sin recursos que esperan en la calle a que abra el lugar para garantizarse una comida caliente, un bocadillo y una fruta para la noche.

Entre los usuarios hay gente joven, pero sobre todo mayores que deberían estar disfrutando de su jubilación pero que tienen que desplazarse al barrio de San Gabriel para comer porque sus pensiones de 400 o 500 euros no dan para todo.

Moya insiste en la necesidad de que, sobre todo los mayores, coman bien, lo que garantiza con el menú completo del mediodía y el bocadillo y la fruta que da a sus “clientes” para la cena. El comedor recibe al día entre 100 y 130 personas, pero “tenemos sitio para unos cien más porque contamos con la ayuda del Banco de Alimentos, de Mercadona y de otros suministradores”, indica Antonio, quien insta a los jubilados que no lleguen a fin de mes, a aprovechar que tienen gratis el autobús y a desplazarse a San Gabriel para garantizarse una comida en condiciones.

Moya, presidente también de la asociación de Vecinos “La Prosperidad” de San Gabriel, considera fundamental que se ayude a los mayores desde las administraciones públicas, pero no sólo a ellos. Insiste en la necesidad de que el Ayuntamiento facilite bonos a personas de cualquier edad sin recursos para que puedan coger el autobús en el horario del comedor y acudir al barrio a comer “pero nos dicen que no es posible porque sería crear un precedente ante otros colectivos, aunque yo dudo que haya otros colectivos más necesitados”, señala Moya.

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