Con tan sólo 11 años de edad, Renata Mercado es activista, colabora con una fundación dedicada a la protección de animales en situación de calle y su preocupación por los que no tienen voz, lo que confiesa le nació con la llegada de su primer mascota.

“La verdad es que no muchos nos hacen caso, a todos les da igual, lo que ellos (los gobernantes) tienen en la mente es hacer política, no tienen en cuenta el maltrato animal (…) no les interesa lo que realmente sucede en el país ¿cuántos perros hay abandonados, muertos de hambre?, las esterilizaciones no se dan, nadie da nada para que se esterilicen, por eso hay tanto perro abandonado y en la calle”, asegura la pequeña.

Antes de la llegada de su gato, Renata era una niña común y corriente, no le importaba lo que sucedía alrededor, pero poco a poco comenzó a mirar su entorno, a ser consciente del dolor animal y también a marchar por los derechos de los animales en la organización Un Millón de Esperanzas, Unidos por la vida Amimal, de la cual forma parte activa.

Además de recoger animales en situación de calle, colocarles en hogares amorosos y acoger a los que no son adoptados debido a sus malas condiciones de salud, Renata recolecta firmas para urgir la necesidad de una Ley de Protección Animal, también ha recorrido oficinas de diversas autoridades para puntualizar la importancia de mostrar que evitar el dolor animal es también parte de las responsabilidades de los seres humanos.

Ella tiene los ojos grandes y la voz muy clara y a sus once años de edad es una niña bien diferente a las demás porque sus luchas no son por el juguete de moda, sino que buscan dar voz a los que no la tienen y evidenciar que existe mucho camino por recorrer en materia de maltrato animal, por lo que en compañía de la organización a la que pertenece y de su familia, trabajan por los derechos de los animales, que en su opinión, deberían ser los mismos que los de los seres humanos.

Al respecto expuso que la violencia animal considera no solo a perros y a gatos como es común pensar, sino que abarca otros ámbitos “es para todos los animales que viven en la tierra”; así, ejemplificó el sufrimiento por el que pasan los animales en los zoológicos.

Por ello imagina una legislación en la que dichos lugares se vuelvan santuarios de conservación animal con mayores cuidados y protección, incluso la reinserción de algunos animales a sus hábitats naturales.

Con enojo, expuso que es necesario ver el dolor animal como el dolor propio; al respecto señaló que las pieles animales para la confección de ropa no consideran el sufrimiento animal, ni que lo que las industrias consideran como un insumo es en realidad un ser vivo, “son conejos y otros animales que son despellejados vivos”, también ejemplificó la caza de focas en Canadá en “donde las matan solo por diversión”.

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