Durante una investigación llevada a cabo por la Universidad de Birmingham (Reino Unido), se determinó que los programas preventivos de los colegios para combatir la obesidad infantil son insuficientes. Es necesaria la implicación de las familias y del sector alimentario.

El trabajo, publicado en la revista British Medical Journal (BMJ), evaluó los programas de hábitos de vida saludables impulsados en 54 escuelas estatales de la región West Midlands y comprobó que no se consiguieron cambios significativos en el peso de sus alumnos.

Estuvo financiado por el Instituto Nacional de Investigación Sanitaria de Reino Unido (NIHR, en sus siglas en inglés). Se analizó la eficacia clínica y económica de varios programas de actividades diseñados para ayudar a niños de seis y siete años a mantener su peso en un nivel saludable, mediante una alimentación saludable y la actividad física.

El exceso de peso en la infancia se ha convertido en todo un problema de salud pública, ya que se estima que afecta a alrededor de 41 millones de niños menores de cinco años en todo el mundo. Además de las consecuencias físicas y psicosociales para la salud en estos primeros años, representa un importante factor de riesgo de obesidad de adultos.

Los programas evaluados se desarrollaron durante 12 meses y ofrecían sesiones adicionales de actividad física de 30 minutos al día y un programa basado en habilidades interactivas de seis semanas con un club de fútbol. También se enviaban correos electrónicos a los padres con propuestas para fomentar la actividad física en la familia y talleres de cocina saludable al término del horario escolar.

Participaron casi 1,500 alumnos y en todos ellos se monitorizó el peso, la altura, el porcentaje de grasa corporal, el perímetro abdominal, el grosor del pliegue cutáneo y la presión arterial, tanto al inicio como al final de la prueba. También utilizaron un monitor de actividad durante cinco días, registraron su ingesta de alimentos y se realizaron diferentes evaluaciones para medir la percepción de su calidad de vida y de su imagen corporal, repitiéndolas 15 y 30 meses después y comparando los resultados con los alumnos que no participaron en estos programas.

Peymané Adab destacó que “la investigación, combinada con una evidencia más amplia, sugiere que las escuelas no pueden liderar la agenda de prevención de la obesidad infantil. Urgen una mayor implicación de la familia, la industria alimentaria y los medios de comunicación”.

Noticia con información de: www.marca.com