La organización intersindical de la SNCF, en Francia, informó este viernes las fechas de la huelga de los ferrocarriles: del 3 de abril hasta el 28 de junio, 36 días, lo que incluye las vacaciones de primavera y los puentes por los días festivos de mayo. Su ritmo será de dos días sobre cinco.

El gobierno descartó una privatización de la compañía, una medida que temían los sindicatos pero anunció, en cambio, que planea recurrir al método acelerado de las ordenanzas. Esto le permitirá evitar un largo proceso de debate legislativo. Este método ha sido rechazado de plano por los sindicatos.

“El gobierno no tiene ninguna voluntad real de negociar. No tuvo en cuenta nuestras críticas y propuestas. Ante un gobierno autoritario será necesario llevar a cabo un conflicto intenso durante un largo período”, dijo Laurent Brun, vocero de la intersindical que agrupa los principales sindicatos de la SNCF (Unsa, SUD-Rail, CFDT).

La huelga de los ferrocarriles de abril próximo podría convertirse en una de las más duras de los últimos años en Francia y representa un alto riesgo para las ambiciones reformistas del presidente Emmanuel Macron. Varios presidentes han intentado reformar la SNCF y ninguno lo ha logrado.

“Restan quince días para discutir y la huelga puede ser evitada”, manifestó por su parte Laurent Berger, secretario general del sindicato reformista CFDT. Pero el gobierno y la intersindical se han mostrado firmes en sus posiciones y lo que se avecina es muy probablemente el choque de dos lógicas antagónicas.

Clima de desconfianza

La SNCF está lastrada desde hace décadas por una millonaria deuda que se aproxima a los 50.000 millones de euros. Con su plan de reformas, la compañía estatal espera mejorar la calidad de la red ferroviaria que hoy cubre 30.000 kilómetros de líneas y comprende 3.000 estaciones.

Una de las medidas más emblemáticas previstas por esta reforma es la abolición del actual estatuto laboral de los trabajadores del ferrocarril, considerado por algunos como un privilegio pero por otros como un logro social. Este estatuto, del que goza el 90% de los empleados de la SNCF, garantiza un empleo vitalicio y un régimen preferencial de pensiones.

El primer ministro Edouard Philippe anunció que este estatuto, creado en 1920, ya no se aplicará a los nuevos empleados. El personal de la SNCF “tendrá las mismas condiciones de trabajo que los demás franceses”, agregó Philippe.

La reforma incluye también una simplificación de la organización y mayor variedad de ofertas para los usuarios.

Consciente de que avanza en camino sinuoso, la dirección de la SNCF propone crear un grupo de contacto con las organizaciones sindicales y constituir grupos llamados de reflexión con los asalariados para que expresen sus ideas. Pero este esquema tiene un obstáculo mayor: las ordenanzas. Por eso muchos consideran que los grupos de contacto y reflexión podrían ser solo una pantalla.

Noticia con información de: es.rfi.fr